Sobre la esclavitud en La Habana de 1840

Por: David Turnbull
En: Travel in the West (1840)

En la Alameda pública, fuera de las puertas de la parte fortificada de la ciudad, y, por tanto, dentro de los límites de una densa población, se ve un edificio de modesta apariencia, protegido de la vista del público por unos altos parapetos de madera, en cuyo interior hay una serie de postes a donde son enviados los esclavos desobedientes, para recibir su cuota señalada de azotes, para ahorrarse asi sus amos tiempo o trabajo, o quizás para no molestar los sentimientos demasiado tiernos de sus amas.

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La Quinta de Santovenia

Por: Luis Bay Sevilla
En: Costumbres cubanas del pasado. Diario de La Marina (7 febrero 1946)

La magnífica quinta levantada por el segundo conde de Santovenia en la Calzada del Cerro esquina a la de Patria, fue erigida en los finales del primer tercio del siglo XIX, emplazando el edificio donde se alojaría la familia al centro de una gran parcela de terreno, estando la casa, por consiguiente, suficientemente alejada de la calle y precedida de una amplia avenida, flanqueada de frondosos árboles. La casa estaba rodeada por sus costados y fondo de bellísimos jardines enriquecían dos magníficas fuentes, artísticas figuras de mármol y distintos jarrones de terracota.

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La casa solariega de los O-Farrill

Por: Luis Bay Sevilla
En: Costumbres cubanas del pasado. Diario de La Marina (1 agosto 1946)

A la América llegaron muchos emigrados. Algunos de ellos se afincaron y fueron troncos de familias principalísimas, pero son contados los que a Cuba vinieron con cargos oficiales: los Zayas, los Mahy, los O-Reilly, los Montalvo, los Jústiz, y posiblemente, alguno que otro que olvido en estos momentos. Entre estos estaban los O-Farrill, cuyo primer representante fue don Ricardo O-Farrill y O-Daly, que llegó a nuestras playas como factor de la Compañía de Asientos de Esclavos de Inglaterra.

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La Habana de 1836 según J. M. Andueza

Por: J. M. de Andueza
En: Isla de Cuba pintoresca, histórica, política, literaria, mercantil e industrial

Del muelle de S. Francisco se entra á la plaza del mismo nombre. Esta plaza nada tenía que llamase la atención cuando yo la vi por primera vez; ahora adorna su centro una hermosa fuente nueva, rodeada de un enrejado de buen gusto; fórmala una columna que se apoya sobre esfinges por cuyas bocas cae el agua á borbotones al gran pilón: como á dos tercios de la altura de la columna presenta un plato circular que puede compararse á la cofa de un palo mayor:

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La Habana de 1833 vista por J. E. Alexander

Por: J.E. Alexander
En: Transatlantic sketches; comprising visits to the most interesting scenes in Nortb and South America and the West Indies

Me puse el uniforme y acompañado de uno de los tenientes bajé a tierra para presentar mis respetos al Capitán General Vives y anunciar la llegada de la fragata. Atracamos al muelle de la Aduana, y tan pronto pusimos pie en tierra nos vimos en medio de una escena bulliciosa.

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La gran casa de Cerro y Santa Teresa (III)

Por: Luis Bay Sevilla
En: Costumbres cubanas del pasado. Diario de La Marina (14 marzo 1946)

Decíamos la semana anterior que los esposos María Teresa Herrera y José Melgares se sentían orgullosos y satisfechos de su nueva casa de Cerro y Santa Teresa, y que todo les sonreía para que prevaleciera la felicidad en aquel hogar, donde reinaba con su belleza y encantadora juventud la dulce Serafina, que era, como he dicho en otra ocasión, la unigénita de María Teresa en su primer matrimonio con don Miguel Herrera, hijo del cuarto conde de Jibacoa.

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La gran casa de Cerro y Santa Teresa (II)

Por: Luis Bay Sevilla
En: Costumbres cubanas del pasado. Diario de La Marina (7 marzo 1946)

Decíamos la semana anterior cuando nos referíamos a esta gran casona donde hoy está instalado el “Sanatorio La Milagrosa“, de la Asociación de Católicas Cubanas, que en el siguiente trabajo relataríamos una serie de antecedentes en relación con las familias que han ocupado esta residencia, que, como he dicho, fue construida por la señora María Teresa Herrera de Melgares, hija del marqués de Almendares, y proyectada y construida por el arquitecto Antonio Benítez Uthón, por lo que trataremos de dejar cumplida nuestra promesa.

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Impresiones de Henry Tudor de La Habana de 1832

Por: Henry Tudor
En: Narrative of a tour in North America

Después de una estancia de un mes en la isla, estaba muy convencido, por la información que recibí de muchos de los más respetables de sus habitantes, del estado de extrema desmoralización de las leyes e instituciones de esta colonia: ¡una hija llena de esperanzas y promesas, usted exclamará probablemente, considerando la maternidad de donde ella ha surgido!

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Impresiones de John Howison de La Habana de 1825

Por: John Howison
En: Foreign Scenes and Traveling Recreations

Las causas aproximadas de la fiebre amarilla no han sido todavía correctamente establecidas, y por lo tanto es difícil explicar porqué esta epidemia prevalece tanto en la Habana. La ciudad está ciertamente llena y rodeada de focos infecciosos. Las calles están mal aireadas y odiosamente sucias; el agua es repulsiva al ojo y al gusto, y la bahía forma un receptáculo para las innumerables impurezas que le arrojan a diario cuatro o cinco cientos de navios de todos los tamaños y descripciones.

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